Diez años después, un compañero de clase (familia del Opus) me preguntó (seriamente, le caía bien y no pretendía ofender) qué me impedía ir matando a la gente si no creía en dios. “Hombre, tengo mis pricipios, aunque no me los haya impuesto una religión.” “¿… En serio?”
]]>Al pan, pan y albino albino.
]]>