Querido Antón…le voy a contar yo una buena. A mi amigo Suso le estaba un día esperando un vecino en la puerta.
- ¿Te llamas Suso, verdad?
- Sí.
- Mucho gusto. Mira, soy el vecino del portal de al lado…y necesito que me des la contraseña de tu wifi.
- ¿cómo?
- Venga, hombre. que sólo es para mirarme el correo!
El tipo insistió tanto y le cogió tan fuera de juego que se le metió en el piso y no dejó de dar la vara hasta que mi amigo llamó a la ocmpañía y solicitó la contraseña. Acto seguido la cambió pero ahora vive preso del miedo.
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