
“De niños pensábamos que era cuestión de esperar. Mirábamos las estrellas pensando que algo iba a cambiar. Ahora somos adultos y no hay casi nada nuevo…”
Esto cantan los personajes de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla (con capucha roja) en Regreso al futuro 4 (YouTube, por si la página de RTVE muere algún día), incluido en el reciente final de temporada de Muchachada nui (capítulo 13 de la 2ª). Hablando sobre (a veces creo que pongo el enlace en la palabra menos probable) sus contribuciones a La hora chanante / Muchachada nui, su escritor y director Nacho Vigalondo encuentra una sucesión narrativa:
“Si la parodia de 24 hablaba del horror en tiempo presente, Gremlins 3 hablaba de los abismos en pasado y Regreso al futuro 4, está claro, ¿no?, habla del pánico venidero.”
Ved las tres, por favor (y ved por mí Los Cronocrímenes, que no voy a estar, ay, en España; sé que puedo confiar en vosotros, pequeños). El último capítulo abre la puerta a un tema recurrente (de la existencia y de este blog). Ya en este post recogí las palabras de un Vigalondo que pensaba quizá en la secuela McFly:
“Yo quiero viajar al futuro, ver si los coches vuelan de una maldita vez, si hay teletransportación, si hay algo, porque esto es una estafa.”
Otro de los pivotes de aquel post, la petición mundial a una marca de fabricar las míticas zapatillas de Regreso al Futuro II ha sido parcialmente contestada por el tiempo: ya hay una propuesta (vía Menéame), pero no llevan robocordones / los cordones no se autoatan. Pequeña decepción. Qué fue del velcro. Y del velcro insonoro. Eres lo más bonico desde que el pan viene en rebanadas. Etcétera.

C’mon, c’mon…
Vamos a ver. Esto debería empezar a converger.
Es posible que el futuro no haya sido. Que (¿nos?) haya fallado. Decepción, vacío, etc. Y no es una máquina que reparar con una llave inglesa o uranio de… los iraníes. Ni con un backup (peliculón, afirmo). Un rayo de luz, sin embargo: para una de las posibles reacciones a esta eterna semicrisis, algunos de vosotros y yo, inmersos durante años en la cultura española, estamos más preparados que otros. Que el director defina a Regreso al futuro 4 como un “relato crepuscular y überpochista” nos recuerda el concepto del pochismo, una versión contemporánea del cervantismo, el antihéroe fantástico y diminuto, una celebración de la frustración, con su digna pérdida de dignidad, muy próxima a esa mezcla de mediocridad solidaria, soledad colectiva, fanfarronería y orgullo de irrelevancia y descerebración en la que vivimos. La Armada Invencible, and where it got us. Como Chikilicuatre y la celebración de la Eurocopa, que son fenómenos adorables. “Cultura española es hacer el tonto un rato”, como le dijeron a Jordi Évole camino de Innsbruck.
Una cara de la misma moneda es que en España ya nos vamos familiarizando con la idea de que somos ciudadanos (que vivimos bien pero) impotentes. Colega, dónde está mi república. Colega, dónde está mi laicismo. Dónde están mis servicios públicos. Dónde está la paz. Dónde está la justicia. Un pasito para delante, dos para atrás. Por no haber, no hay ni grandes, míticas conspiraciones:
—¿Sabes?—dijo Arthur, pensativo—. Todo esto explica muchas cosas. Toda mi vida he tenido esta sensación inconcreta de que había algo en el mundo, algo grande, siniestro, que nadie me quería decir.
—No—dijo el viejo—, eso es paranoia completamente normal. Todo el Universo la tiene.
(De la Guía del autoestopista galáctico)
Lo que sí tenemos es márketing y ruido. Frivolización de prioridades. Estrés, por supuesto. Estamos tensos, pero (el pero: la clave de la supervivencia humana) agradecemos, sí, que haya cosas bonitas para entretenernos. Como decía RinzeWind (repito), ustedes no son felices, pero un flujo (¿fluzo?) continuo de cosas graciosas de internet les hace creerlo. Futuro distópico y divertido.
El cerdo de la caja, a tope de antibióticos, se baja Heroes y The Wire. Y tiene amigos, y amigas, y sienten, y crean. Y sigue saliendo música que no está mal, aunque diga Dylan que no, que whatever happened to my rock and roll, y a pesar de la guerra del volumen y Hannah Montana. Nos sobrepondremos. Y dicen los coros, también:
“El futuro no está bien, pero tampoco es lo peor. No es para echarse a llorar, pero tampoco es ciencia ficción.”
Y digo yo:
¡Wifi!
Travis for the soul.
Leer, ser, hacer.
Los nombres de los colores, como el rojo.
Bichitos, también.
¿Dónde estás?
Pero no nos preocupemos tanto por el devenir temporal; al fin y al cabo, esta no es la única de las dimensiones (de las 10, oh… yeah) que está estropeada. También aparecen noticias inquietantes sobre graves irregularidades en, al menos, las 3 espaciales:
- Antonio López mola y en cuanto pueda me acercaré ir a Atocha a ver cabecitas.
- Ramen pequeño.
- Mercurio encoge.
- Patito grande:

Dice el patito que vaya concluyendo. Voy, pues.
Algunas veces uno lee una noticia y piensa: chanante. Como por ejemplo:
La NASA, “atónita” con los resultados de los análisis del suelo de Marte: “Es el tipo de suelo en el que pueden crecer espárragos”, asegura el responsable de la investigación. (El País, aunque bien podría ser una historia presentada por el señor Ruiz Escribano.)
Otras, la realidad remite directamente al futurismo pocho, a la ciencia-ficción pequeña, a The Dish, a la ilusión cotidiana e intergaláctica de esta noticia de la BBC en la que un ciudadano del sur de Gales alerta a la policía de la presencia de un OVNI flotando estáticamente en el horizonte (vía Menéame, resumida en castellano).
Sin duda ese hombre, mi héroe del día, comparte si lo conoce aquello de “That’s no moon… it’s a space station” (y su correspondiente xkcd) o, precisamente, algo equivalente a (tachán):
“Mirábamos las estrellas pensando que algo iba a cambiar.”
No estamos tan mal. Estrellas. Todo está roto, pero los pedazos son bonitos también.
…
Lalalá…
…
—Vamos a ver una cosa, ¿todo esto es una pataleta porque no te quiere?
—Sí.
—Una pataleta friqui.
—Sí.
—Pues te habrás quedado a gusto. Además, ni siquiera lo sabes seguro.

2 comments so far...
Has escrito un post tan largo que cuando has terminado ya era el futuro. aaahh y en lo que yo lo escrito también ¡noooo! ¡siempre estoy en el futuro!
Suerte con lo otro
Muy bueno tu lema, Antón, jajajajaja.
Muy buen post. Me he perdido en algunas cosas (demasiada información de golpe para mi pequeño cerebro), pero más o menos he pillado los conceptos. Yo sabré que estamos en el futuro cuando podamos comentar en los blogs con telequinesia. ¡Eso sí sería modernidad!
Muy chulo el diálogo del final, también.
¡Un placer conocerte! Un saludo.
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