Dice q256 de Ion Litio:
“La verdadera revolución de YouTube no es el haberse convertido en el sistema de distribución de vídeo online más famoso del mundo, sino su sorprendente capacidad para desinhibir a la gente. Antiguamente, si eras una chica, o un chico sensible, escribías tus reflexiones en un diario, a poder ser de esos con candadito y con una llave que te colgabas al cuello, y lo guardabas en un cajón esperando que nadie lo leyera. Ahora, sin embargo, te grabas en vídeo contando tus penas, lo cuelgas en Internet, y te deprimes si no tienes varios miles de visitas.”
Que me lleva directamente a recordar:
En el futuro todo el mundo tendrá sus 15 minutos de anonimato.
- de Bansky, leído en Microsiervos.
Y que no está lejos de esta viñeta:

De toothpaste for dinner. La viñeta se llama “It won’t solve the problem”.
Así es, ahora todo el mundo escribe, todo el mundo opina, todo el mundo quiere, y puede, estar, figurar. ¿Necesidad de exponernos así? O de compartir. De sentirnos reconocidos. De inflar nuestro ego. De liberar odio. De crear. O de conocer gente. Expresión humana, todo.
Los webmaster ya no son Dios. Ya no existen, de hecho. Porque todo el mundo tiene un blog, o puede tenerlo, o puede comentar… o participa de una forma u otra, que dice Time, en la revolución de la información (a propósito de Shannon). Y lo que leemos en Internet, a veces, es la vida cotidiana de alguien que ya nos resulta curiosamente familiar, alguien cuya forma de escribir ya reconocemos. Alguien que podría ser un amigo. Como lo que años antes sucedió en IRC, en los BBS o en los foros. Aunque parece más rico, variado, global (casi escribo blogal) ahora. Hay estrellas, estrellitas, inevitablemente, pero los demás nos vemos entre nosotros. Participamos. Y nos leemos.
¿Qué tiene esto de nuevo? No mucho. Exactamente igual que en la vida fuera de Internet, hay personas razonables, pedantes, megaguays, descerebradas, divertidas, máquinas del odio. Seguimos siendo más o menos infelices. También aprendemos y nos lo pasamos bien. Pero sí, parece que la auténtica revolución es esa: la ubicuidad (¿oblicuidad?) de la emisión (cast!), la disponibilidad (aquí han ayudado los móviles), la desinhibición.
El año pasado estuvimos trabajando en un proyecto ficción de poner VoIP sobre WiMAX nosedónde de la Tierra Media de Madrid y en cierto momento pensamos:
- ¿Cómo que contratar varias líneas? No, no hace falta: la gente descuelga y entra en un gran salón de chat de voz en tiempo real donde la democracia conversacional se autorregula y las comunicaciones privadas no existen porque estamos en el siglo XXI, y qué más da que sea privado si luego vas a tu blog a contarlo todo.
(la última línea se lee sin respirar)
Resumiendo: somos partidarios. Lo somos. Un saludo.

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